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LA SAGA DE LA ODISEA ESPACIAL. Arthur C. Clarke

Últimamente he estado leyendo libros de viaje, manuales y bastantes revistas, por lo que no tenía nungún libro reciente que comentar que valiese la pena. De modo que he tirado del baúl de los recuerdos y dejo aquí una síntesis personal de los cuatro libros de Clarke de la serie Las Odiseas, que releí el verano pasado.

En 1964, cuando llegar a la Luna todavía era un sueño lejano para la humanidad y ni siquiera se tenían imágenes nítidas de la superficie lunar Stanley Kubrick y Arthur C. Clarke comenzaron a trabajar en “la proverbial película de ciencia ficción”, 2001: Una Odisea Espacial, la aventura del ser humano fuera de la Tierra y la búsqueda de inteligencias extraterrestres. Casi veinte años después Clarke saca a la luz una segunda parte, 2010: Odisea Dos. Menos conocido es que existen dos secuelas más, 2061: Odisea Tres y 3001: Odisea Final.

Vamos a echar un breve vistazo a la saga de las odiseas.

Hace tres millones de años, cuando las primeras especies de homínidos habitaban en la sabana africana, una civilización alienígena instala un dispositivo de seguimiento en forma de monolito que en adelante tutelará e impulsará la inteligencia de las especies más prometedoras.

En el año 2001 de nuestra era se descubre en un cráter de la Luna, Tycho, una anomalía magnética denominada T.M.A.-1. Al excavar en el lugar se encuentra un monolito enterrado allí hace tres millones de años: “una losa vertical de un material completamente negro, tan negro que parecía que se hubiera tragado la luz.” Es una prueba irrefutable de inteligencia extraterrestre. Todos los intentos humanos de averiguar su composición resultan infructuosos.

En el momento en que el Sol ilumina la superficie del monolito, éste parece lanzar una señal al espacio en dirección a Saturno, como si hubiese saltado una alarma.

El resto de la novela trata sobre el viaje espacial al sistema de Saturno, hacia donde salió la señal de T.M.A.-1, describiendo minuciosamente las características de la nave Descubrimiento y el ordenador que la gobierna, HAL-9000, que se comporta de una extraña forma y termina atacando a sus tripulantes.

¡Dios mío, está lleno de estrellas!

Cuando el comandante de la nave, Dave Bowman, finaliza su misión entrando en contacto con otro monolito situado en la órbita de Saturno, se transforma en un ser nuevo, una forma de vida incorpórea, como un nuevo estadio de la evolución de la humanidad: El Niño Estelar. En esa transformación, Bowman experimenta un viaje increíble a través del espacio y el tiempo recorriendo planetas y estrellas a lo largo de la galaxia.

Sin profundizar en la personalidad de los personajes, a los que no da excesiva importancia en la historia, Clarke se dedica a describir minuciosamente los planetas y las lunas que surgen durante el viaje y los sucesos que van ocurriendo, típico exponente de la ciencia ficción dura, en que la trama y las relaciones personales se dejan en un segundo plano para profundizar más intensamente en los detalles técnicos y astronómicos.

Pese a lo comúnmente creído, la novela no dio pie a la película de Stanley Kubrick sino que se escribió durante el rodaje de ésta (1964-68). También la película tuvo más repercusión que la novela, lo que explica que 2010: Odisea Dos, no sea una continuación de la novela 2001, sino de la película: una de las diferencias entre ambas es que debido a que en el rodaje fue imposible reproducir fielmente los anillos de Saturno, se decidió que el destino de la nave Descubrimiento, Japeto, fuese cambiado por la órbita de Júpiter.

Cuando en 1968 salieron a la luz la película y el libro 2001, el autor no  pensó en ninguna secuela, pero cuando en 1979 las sondas Voyager enviaron las primeras imágenes nunca vistas de las cercanías de Júpiter y su familia de satélites, con la superficie torturada de Ganímedes, los impactos en Calisto, los volcanes en Ío, etc., el autor no supo resistir la tentación.

La historia de 2010 trata sobre el viaje de una tripulación mixta rusa-americana abordo de la nave rusa Alexei Leonov, cuya misión, además de encontrar el monolito negro “receptor”, es dirigirse hacia el sistema joviano y encontrar a la desaparecida nave Descubrimiento, averiguando de paso qué ocurrió para que se perdiera contacto con ella y su tripulación, e intentar remolcarla de regreso a la Tierra. De los tres tripulantes americanos, dos aparecen en la novela anterior: Heywood Floyd y el Dr. Chandra, diseñador de HAL 9000.

Los alienígenas se sirven del nuevo ser en que se convirtió Bowman para descender a los océanos de Europa. Allí se está desarrollando una forma de vida acuática con un gran potencial evolutivo, por lo que advierten a la humanidad: «Todos estos mundos son para vosotros, excepto Europa. No intentéis aterrizar allí«.

De nuevo esta novela, como otras de Clarke, es hasta cierto punto creíble. Es una ficción futurista en la que la información que nos proporciona acerca del viaje interplanetario, de los adelantos tecnológicos, del sistema de lunas de Júpiter, las maniobras de frenado atmosférico, etc., son fruto del bagaje científico que posee el autor y que puede notarse en cada párrafo de la historia.

Criticada por muchos por pretender ser una digna secuela de una obra maestra sin conseguirlo, no deja de ser una interesante historia con un argumento absorbente e interesante, aunque lenta en algún que otro tramo.

Dos años después de salir a la luz, Peter Hyams la convirtió en película con el título 2010: El año en que hicimos contacto.

Clarke esperaba escribir otra secuela relacionada con la órbita de Júpiter cuando la nave Galileo de la NASA aportase información del planeta y su sistema de satélites, pero el accidente del Challenger retrasó mucho tiempo el lanzamiento de la sonda, por lo que Clarke no esperó más y escribió la secuela 2061: Odisea Tres en 1987 ambientándola en otro lugar.

Dos soles brillan en el cielo de la Tierra. Los humanos están colonizando el sistema solar con asentamientos y minas en varios satélites de Júpiter, incluso se piensa en la terraformación de Venus y Ganímedes, aunque se sigue respetando la prohibición de aterrizar en Europa por temor a las consecuencias; el cometa Halley regresa al sistema solar interior después de 75 años y una nave tripulada consigue alcanzar su superficie.

Una tras otra, tienen lugar aventuras increíbles que inducen a pensar cómo podrá desenvolverse la humanidad morando distintos emplazamientos a lo largo del Sistema Solar y de qué manera afrontará las incógnitas que esconde el Universo.

En el año 1997 Clarke publica la cuarta y última parte de la saga de la Odisea Espacial. 3001: Odisea Final.

La primera mitad de la novela se centra en las descripciones de cómo ha cambiado la humanidad a lo largo del tercer milenio: política, ciencia, sociedad, religión… lo que le da a la historia un ritmo diferente de sus predecesoras y obliga al autor a un continuo ejercicio de imaginación, del que sale airoso debido a sus bastos conocimientos científicos. Hacia la mitad de la obra, comienza la trama: en el siglo XXVI de descubre TMA-0, el monolito de África que impulsó la evolución intelectual de la futura especie humana (o que le dio «una patada evolutiva en el culo» en palabras de Clarke). Se van conociendo detalles de la naturaleza del monolito y de la civilización que lo construyó. Se deduce que el monolito de Júpiter ejercía como una especie de repetidor situado en un lugar favorable del sistema solar así como la certeza de que puede resultar enormemente peligroso para la humanidad por lo que el protagonista, Frank Poole, se intenta poner en contacto con Dave Bowman y HAL, ahora una sola entidad.

En parte secuelas, en parte variaciones del mismo tema, cada una de las novelas de la saga contiene pequeñas incoherencias respecto a las demás en cronología, personajes, sucesos o incluso escenarios, algo que explica el autor en las interesantes notas del final del texto junto con otras reflexiones que definen el pensamiento de Clarke y que no tienen desperdicio.

La reciente desaparición de este autor dejará un vacío literario difícil de cubrir en el género de la ficción científica aunque, cómo no, siempre quedarán sus libros, algunos de los cuales han conseguido ser grandes obras de arte, inspirando y haciendo soñar a varias generaciones de lectores.

Publicado en la revista RIGEL 206

 

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