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Astronomía, astrofilia, libros... y alguna rareza que otra

EL CASTILLO DE LAS ESTRELLAS. Enrique Joven.

No tengo gran afición por la novela y cuando me animo a leer alguna la motivación es que haya venido avalada por algo o por alguien. Que sea de un autor que ya conozco y me hayan gustado anteriores trabajos o muy recomendado por alguien que a su vez me ofrece confianza. Incluso así, me ocurre con demasiada frecuencia que quedo defraudado. Me ocurre lo mismo con películas y series, aunque corregido y aumentado. Soy reacio pues, a lanzarme a “probar” obras nuevas y autores desconocidos. ¿Excepciones? Un ejemplo es esta. El autor no se dedica profesionalmente a escribir pero ha sacado a la luz cuatro novelas. Para mí, el gancho es que es astrofísico, el tema mezcla historia, que me va, misterio e intriga, que no me van nada y… astronomía, que ya sabréis de mi debilidad por ella si habéis echado un vistazo por esta página.

Enrique Joven es un doctor en física, natural de Zaragoza, que desde 1991 vive y trabaja en el Instituto de Astrofísica de Canarias, en Tenerife, como ingeniero senior. Es colaborador habitual en prensa y es autor y guionista de la serie de divulgación de TVE Un programa estelar.

El protagonista de El Castillo de las Estrellas es un profesor jesuíta que se formó como astrofísico y que ahora se dedica a enseñar ciencias en un colegio de una ciudad pequeña.

Está encargado de la informática del centro, así como de la Casa jesuíta y vive en la rutina diaria de la docencia, con la esperanza de que sus clases resulten de interés a sus alumnos, niños como los de hoy en día, con la atención cada vez más dispersa. Además, en sus ratos libres tiene como afición la criptografía.

Sobre este particular, Héctor, nuestro protagonista, forma parte de un grupo en internet de aficionados que tratan de descifrar un libro escrito hace cuatro siglos que está escrito en una lengua desconocida y que nadie ha logrado descifrar ni siquiera en parte. El manuscrito Voynich, nombrado así por un librero que lo encontró y compró en la biblioteca de un colegio jesuita en Villa Mondragone, Italia, hace unos cien años, es un ejemplar único ilustrado de 140 páginas escrito por autor desconocido en el siglo XV. El Manuscrito está guardado en el departamento de manuscritos y libros raros de la Universidad de Yale, si bien está digitalizado y accesible por internet. Y es que lo curioso del asunto es que está escrito empleando caracteres que no se corresponden con ninguna lengua conocida. Se ha convenido en llamarla “voynichés”, y puede ser un engaño que su autor perpetrara en su día o bien puede tener un significado: un manual de alquimia, por ejemplo. Las dos posibilidades están igual de presentes.

La labor de investigación llevada a cabo por el grupo es bastante tediosa y anodina porque ni se ha avanzado en el último siglo ni parece que nadie esté consiguiendo sacar a la luz una mínima fracción del libro pero… hay dos hechos que coinciden en tiempo y lugar. Por una parte, el primer rastro histórico del manuscrito se ubica en la corte de Rodolfo II, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico y sobrino de Felipe II. Rodolfo II era aficionado a la ciencia de su tiempo, al esoterismo y hay indicios de que pudiese haber sido mecenas del manuscrito. Por otra parte, en la corte imperial también coinciden en ese tiempo Johanes Kepler y Tycho Brahe, dos de los personajes que más cambiaron la astronomía moderna. La chispa que hace que Héctor y varios de sus colaboradores sospechen que hay una conexión entre ambos hechos viene de la mano de la publicación de un libro por parte de una pareja de norteamericanos que insinúa con bastante ligereza que Kepler fue directamente quien acabó con la vida de Brahe por envenenamiento con mercurio, amén de los tejemanejes de una organización semigubernamental americana pro-creacionista muy interesada en descifrar el manuscrito y en hundir la imagen y reputación de un científico tan importante para la historia de la ciencia como lo es Kepler. Los indicios de que Kepler pudo estar implicado en el descifrado del manuscrito se ven potenciados porque la Compañía de Jesús fue durante algunos decenios propietaria del manuscrito Voynich y los sótanos de la iglesia adjunta al colegio donde da clases Héctor tiene un sótano secreto en el que aparecen pistas que parecen conectarlo todo. Así que a partir de ahí se suceden las peripecias en las que no faltan temas como la especulación inmobiliaria, la historia de la ciencia, organizaciones creacionistas, anagramas, criptografía…

¿Es el manuscrito un engaño a Rodolfo II por parte de dos estafadores (Jon Dee y Edward Kelley)? ¿Fue Kepler un asesino? ¿Hay un segundo manuscrito todavía no encontrado que es clave para descifrar el voynichés?

Así como lo cuento puede parecer una novela más que se sube al carro de las de misterios e investigaciones tan de moda hace unos años. PERO. Salvo Héctor y colaboradores más algún que otro personaje, así como la iglesia y colegio jesuitas… todo lo demás obedece estrictamente a la verdad. El manuscrito es del todo real, los episodios que aparecen recurrentemente sobre la vida de Kepler y Brahe son historia constatada, y lo es también el libro en el que se pretende encasquetar a Kepler el asesinato de Tycho Brahe: un libro de 2004 escrito por Joshua y Anne-Lee Guilder. Así que… aunque la ficción me suele echar para atrás, este libro rezuma información real, desde las conversaciones entre los personajes hasta los abundantes pasajes históricos, pasando por las intimidades de propio manuscrito Voynich.

Ha sido una sorpresa de las agradables y… no voy a tener más remedio que hacerme con las demás novelas de Enrique Joven.

Así que intenta pedirlo en tu librería más cercana.

Puedes seguir a Enrique Joven en su cuenta de twitter.

 

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