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Astronomía, astrofilia… y alguna rareza que otra

VUELTA A LA ACTIVIDAD I

 

¡No! No me he olvidado de que tenía este blog.

Hace varios meses que no escribo ningún reporte de observación pero es que la meteorología no ha ayudado mucho.

Los aficionados a esto de la astronomía han estado, y lo están todavía algunos, desesperados. Vamos, que se observaban encima como dice un amigo mío.

En los últimos tres meses creo que salí en tres ocasiones, una vez recién nevado a unos -3ºC y no pude hacer nada provechoso por descuidar el tema de las corrientes térmicas en el telescopio, otra con los amigos de A.V.A. a un lugar lejano a la vez que mediocre y otra más en la que se me olvidaron varias cosas en casa (consecuencias de la falta de práctica) y después de estar en el lugar elegido me tuve que volver con las orejas gachas.

Pero esta semana la Luna era favorable, la meteorología favorable y las obligaciones también así que en la noche del domingo 14 de marzo, visto que las previsiones meteorológicas pintaban bien y que había pasado como unos tres meses desde la última observación con un cielo digno, decidí montar los trastos en el coche y escaparme por la serranía de Valencia a observar cualquier cosa observable.

Llego a eso de las 9:30h de la noche, monto el Dobson, pongo los ventiladores metiéndole caña al espejo de 300 y me pongo a la faena.

He elegido un lugar nuevo, con unas condiciones bastante peores que en el lugar habitual pero 12 ó 15 Kms. más cerca.

Unos 900 metros sobre el nivel del mar frente los 1.200. La cúpula de luz de la ciudad de Valencia que queda al S-SE es demasiado alta (unos 40 ó 50º por encima del horizonte) para calificar como bueno el lugar. Es lo que tiene la experimentación, unas veces aciertas y otras…

El cacharro este que mide el brillo del cielo muestra 21’0. De momento, una medida mediocre.

Primer destino para «catar» el cielo es el triplete de Leo formado por M 65, 66 y NGC 3628. No me ha impresionado la imagen, si bien es verdad que no le he dedicado mucho tiempo, aunque un primer vistazo me dice que la lista de objetos difíciles que traía va a tener que esperar a otro día y con otro cielo. De modo que empiezo viendo cosas sencillas.

Comienzo por M 37, uno de los abiertos de Auriga. Si, esta si que es una imagen gratificante. Aunque un Newton no es el telescopio ideal para disfrutar de estos objetos, también es cierto que éste no los muestra nada mal.

Hay una estrella cerca del centro que brilla algo más que sus vecinas y que tiene un espectro ligeramente rojizo, leve pero evidente, dándole al cúmulo una armonía interesante y digna de dedicarle unos cuantos minutos.

Moviéndome por las inmediaciones del cúmulo se aprecia muy cerca un extraño vacío y las cartas me dicen que debe ser Barnard 34.

Continúo en Auriga y siguiendo con los objetos de la zona ahora voy al encuentro de Barnard 29, otra nebulosa oscura de por aquí.

Parece algo más amplia que B34. Este tipo de objetos pasan inadvertidos yo diría que más del 90% de las veces, porque no son evidentes como las nebulosas brillantes sino que son una extraña ausencia de brillo y/o estrellas en una zona del cielo.

Por supuesto, cualquier zona del cielo con poca densidad de estrellas no es una nebulosa oscura pero si estamos en plena Via Lactea debería haber una cierta cantidad de estrellas y, encontrarse de repente con un vacío más o menos brusco indica que algo pasa ahí. Se perciben con aperturas medias o bajo cielos con buen contraste. Un Newton 300 recoge suficiente luz de la Via Lactea para notar ese vacío extraño, ese vacío emborronado. No le percibo bordes más o menos definidos. Tal vez si el cielo fuese algo mejor que el del momento (21’2) o hubiera decidido ir a un lugar mejor, el objeto sería más contundente en este sentido.

Ahora toca NGC 2392, la Nebulosa del Esquimal. Los 93 aumentos del Nagler 16 se muestran del todo insuficientes aunque le dedico a la imagen un par de minutos. Con una Barlow x2 y ciento ochenta y pico aumentos ya mejora la cosa y, aunque no hace milagros, ya muestra detalles sugerentes.

Es cuando coloco el Radian de 4 con sus 375x cuando obtengo la mejor imagen de la nebulosa.

Dista bastante de ser la mejor imagen que he visto de este objeto, pero le detecto la parte interior con un borde definido y no redondo, y la parte exterior que se va perdiendo poco a poco en la oscuridad del cielo. En un cielo mejor con un telescopio menor he visto más detalles en otras ocasiones, pero también hay que meter en la ecuación que los movimientos de azimut de este cajón no dejan hacer un seguimiento perfecto a 375x.

Echando una ojeada para ver qué objetos había por las inmediaciones veo que hay una nebulosa planetaria.

Un objeto que tiene dos números NGC. NGC 2371 y 2372. De modo que barriendo la zona con el Nagler 22 veo un bordoncillo que tal vez pudiera ser lo que buscaba. Puede ser un asterismo o una doble mal resuelta a estos aumentos, pero cambiando a 93x confirmo que no hay error. Es la nebulosa que busco.

Una planetaria bipolar, de ahí las dos entradas NGC. Mirando los apuntes veo que ya «la tenía», la apunté hace ahora justo un año.

Es una nebulosa planetaria bipolar (mg. 13) con una estrella central que veo evidente (mg. 14’8)

He probado con 93x, con 187 y con 375, y la mejor imagen la obtengo con 187x aunque rara vez consigo (solamente un 10% del tiempo aprox.) que los dos polos de la nebulosa se unan. En definitiva, un objeto que vale la pena ver aunque requiere aumentos, apertura y/o buen contraste.

NGC 2371/2372

Como en Gemini no había más objetos ni escandalosos ni apetecibles, cambio de aires y dirijo el telescopio hacia Leo Minor. NGC 2859, una galaxia espiral barrada un tanto debilucha aunque con mg. 10’9. Encontrada con los 68x del Nagler 22 y otra vez mejor contemplada con 187x: 1’6mm de pupila de salida, fíjate tu.

Se ve claramente el núcleo, brazos no, aunque tal vez la barra sí, si bien es verdad que puede ser debido al hecho de saber que está ahí.

La oscuridad, o brillo, del cielo que marca el cacharro es de 21’3 y la temp. de 0ºC.

Primer fracaso de la noche, he intentado ver NGC2613 en Pyxis, una galaxia que debe ser perfectamente visible (mg 10’5), y no me ha aparecido en ningún momento en el campo. Debo haber equivocado la ruta pero es que he traído dos tipos de cartas, unas manejables pero paupérrimas y otras un poco más detalladas pero confusas. El próximo día me llevo las de verdad.

NGC 3898 es una galaxia que tengo pendiente en las notas. Me pongo a buscarla y encuentro dos. NGC 3990 está también por aquí para añadir más confusión si cabe. ¿Cual será? Pues cerca está NGC 3998 que es algo más grande, así que deduzco por las medidas que la pequeña es «la mía», además de que está algo ladeada y el diámetro mayor y menor divergen entre sí bastante más que en la otra galaxia. Es una elipse de luz con un núcleo bastante brillante, casi estelar.

Saliéndome un poco del programa y aprovechando lo alta que está la Osa, detrás de la cola, ya en el término municipal de Canes Venatici, apunto a M51.

La vista es tremenda. Es tremenda incluso teniendo en cuenta que el fondo del cielo deja bastante que desear en cuanto a oscuridad, pero es que esta galaxia es puramente una ensaimada.

Se les puede seguir la trayectoria a los brazos sin ningún problema. Varias estrellas superpuestas y los huecos oscuros entre los brazos son más que evidentes. Cuando esta galaxia está en buenas condiciones es siempre espectacular. La mejor visión con 187x. Vale la pena dedicarle un buen rato.

Después de una pausa para un tentempié caigo en la cuenta de que además de objetos de cielo profundo, el cielo también tiene cosas a las que llaman «planetas», concretamente ahora hay uno bastante alto conocido como «Saturno».

La noche no tiene una especial oscuridad pero el seeing es de notable alto. Tanto es así que logro obtener, si no la mejor, una de las mejores imágenes de Saturno con este telescopio.

Radian 4mm. 375x. Le podría intercalar la barlow, pero por una parte está la dificultad de enfocar y por otra la dificultad del seguimiento, así que no hago pruebas y me quedo como estoy. Tres satélites a un lado y otro, el más débil de todos, inmediatamente a la derecha casi tocando el anillo por la punta. La parte más próxima de los anillos la veo en la parte superior proyectando una delgada sombra sobre la superficie del planeta, y la parte más lejana queda en la parte inferior de modo que se ven los anillos… «por debajo» por así decirlo.

Es una lástima la inclinación que tienen los anillos y los pocos detalles que Saturno tiene en su superficie porque la nitidez y el volumen con el que veo el planeta dan para mucho.

Lo que siguió a Saturno ya no fue más que unas cuantas visitas de rigor a un puñado de objetos conocidos, como para comprobar que seguían ahí después de tanto tiempo con el telescopio guardado.

M97 y M108 una pareja muy original y a la que no le echaba un vistazo desde hace casi un año. La nebulosa del Búho, M97 enseñaba sus dos ojos, los que le dan nombre, aunque tímidamente.

Un insoportable dolor de pies me hace consultar el termómetro.

Me cuesta creer que fuesen ciertos esos -7ºC que marcaba, pero bueno, aunque seguramente incorrecta, la temperatura no debía ser mucho más elevada. Uno no es nada friolero y a eso de las 01:50h decidí plegar trastos y marcharme a casa. La falta de agua y víveres, otra falta de previsión causada por la falta de práctica en los últimos meses, facilitaron la decisión. Las predicciones decían que los próximos días estaría despejado y yo tenía intención de volver alguna vez más, de modo que tampoco era cuestión de observar todos los objetos del cielo como si se fuesen a acabar.

Iva a volver, y a volver mejor preparado.

Néstor.

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