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Astronomía, astrofilia… y alguna rareza que otra

VOLANDO VOY…

 

Júpiter visto por la sonda espacial Voyager 1

En la noche del 5 al 6 de septiembre me dispuse a perpetrar una de mis observaciones aprovechando que los habituales inconvenientes no lo impedían.

No iba a ser una noche con grandes pretensiones observacionalmente hablando, más bien una salidita para desempolvar los oculares, quitarle las telarañas al telescopio y quitarme las telarañas a mí que llevaba demasiado tiempo sin observar, pero sobretodo poder disfrutar de un cielo que aunque no perfecto fuese al menos disfrutable y echar un vistazo a unos cuantos objetos notables.

Como siempre la ceremonia comienza cargando toda la parafernalia telescopera en el coche a mitad de la tarde, meterme en él y emprender el viaje, unos 45 min., hacia el punto elegido para observar, a unos 1.200 m. de altitud.

Es un poco aburrido tener que conducir tres cuartos de hora o más antes y después de la observación, a mí se me hacen particularmente largos los de “después de”. No obstante siempre vale la pena el esfuerzo si al llegar te encuentras con un cielo benevolente, con el único acompañamiento de los sonidos de la naturaleza y/o de una radio con tu música o programa favorito.

Una vez ya en el lugar se procede al despliegue de medios mientras se enfría el telescopio, otra vez el Newton 300.

Es a eso de las 11 cuando considero que el cielo ya vale la pena y apunto a Júpiter como primer objeto de la noche.

A solamente 68 aumentos, el primer vistazo me muestra sin ningún tipo de dudas la Gran Mancha Roja cruzando Júpiter por en medio. Ni hace falta más tiempo de adaptación térmica, ni que el planeta se levante más sobre el horizonte. Le pongo los aumentos que el planeta me pide. La estabilidad es muy buena, y no resulta difícil ver gran cantidad de detalles en la atmósfera del planeta gigante. Yo no soy muy bueno describiendo detalles planetarios, sobretodo por mi desconocimiento de su nomenclatura, pero se aprecia nada más ponerse al ocular una amplia gama de ocres en las bandas nubosas, la Gran Mancha Roja pasando por el meridiano sobre la inexistente banda nubosa que desapareció cuando Júpiter estaba fuera de nuestra vista al otro lado del Sol. Su gemela, la banda que ha quedado es todo un espectáculo, pese a que estoy utilizando solamente 136x debido a mi escasez de oculares, la banda muestra multitud de remolinos, “grumos”, uno de ellos justo en medio del cinturón nuboso con un tamaño comparable a la GMR… y bueno, valdrá la pena dejar en paz un rato a Júpiter y que levante más en el cielo. Imágenes tan estables como estas le hacen a uno pensar que si hubiese media docena de planetas como éste todas las noches yo me lanzaba a la observación planetaria en exclusiva “YA”. Lástima que solo haya dos planetas “y medio” y que muchas veces no esté a tiro ni siquiera uno.

Cambiando de objeto y metiéndome de lleno en la observación de cielo profundo me voy a buscar la galaxia NGC 7331 en Pegasus.

Inmediatamente queda patente que el cielo no está impoluto y que se mueven aleatoriamente por ahí algunas nubes finas que emborronan la imagen, además de unas nubes haciendo de pantalla reflectante de la luz de Valencia como viene siendo demasiado habitual en mis observaciones este año. No obstante, 7331 muestra su presencia fácilmente y es solo cuestión de minutos que se abra un claro entre la galaxia y mi telescopio y se aprecie mejor.

Esta galaxia ya la he mencionado por aquí alguna vez que otra. Está en Pegaso, es una de las más brillantes de las no incluidas en el catálogo Messier (mag. 10’4) y se muestra hacia nosotros con una inclinación que recuerda a la Galaxia de Andromeda, con unas dimensiones de 10,4′ × 3,6′. La galaxia por sí misma vale la pena observarla pero tengo que decir que la mayoría de veces que me acerco a ella es para utilizarla como “termómetro” del cielo.

Visualmente, en los alrededores de 7331 hay unas cuantas galaxias rondando las magnitudes 14 y pico a 15. Se trata de NGC 7340, NGC 7337, NGC 7335 y NGC 7336.

Fotografía de Jim Solomon: www.saratogaskies.com

Dependiendo de la calidad/contraste del cielo se ven todas o ninguna y si soy capaz de ver dos o tres entonces el cielo me permitirá acceder a otro célebre y débil grupo de galaxias que hay muy cerca de ahí, el Quinteto de Stefan.

Pero vayamos por pasos. En un principio no consigo apreciar ninguna de las compañeras de 7331. Parte de la culpa la tiene la débil capa nubosa que hay entre medias y parte la tiene mi falta de adaptación a la oscuridad, de modo que pongo en práctica las técnicas del buen observador de cielo profundo y me relajo al ocular mientras dejo pasar algunos minutos y pruebo diferentes zonas del ojo. No tarda en aparecer la primera galaxia de los alrededores, NGC 7335, la más brillante del grupo y en un par de minutos ya soy capaz de ver claramente tres de ellas y una cuarta la consigo ver un 50% del tiempo. Sí, he tenido mejores vistas de este grupo pudiéndose apreciar incluso otro subgrupo al otro lado de 7331 pero no todas las noches pueden ser excepcionales y esta pese a no serlo no impide ver cosas interesantes.

APOD 24 octubre 2009

Después de un buen rato contemplando este grupo, que por cierto se le conoce también como grupo Deer Lick, y siendo las doce y media, dirijo suavemente el telescopio hacia el Quinteto de Stefan, a 300 millones de a.l.. Efectivamente está ahí, es sutil, poca cosa, pero es él.

Le distingo las tres componentes  mas la que está un poco excéntrica. La que está en la periferia no he sabido encontrarla esta vez.

Al igual que antes, no es la mejor imagen que he obtenido del cúmulo pero ha valido la pena ir hacia él.

Animado por haber podido ver el quinteto decidí probar suerte con una galaxia extremadamente difícil con la que todavía no me he hecho. Se trata de la que hay justo al lado de la nebulosa M57, IC 1296. Centro M57 en el ocular, me cerciono del lugar exacto donde debe estar la galaxia y espero, cual cazador nocturno al acecho. Pero después de un tiempo más que prudencial, la “presa” no aparece. No ha sido posible. Falta más diámetro, o mejor cielo o…. una combinación de ambas cosas. No lo consigo pero no me decepciono. Realmente no esperaba milagros, de modo que cambio radicalmente de aires y me voy hacia Casiopea, una constelación bastante desconocida para mí en cuanto a objetos, y después de dar unas vueltas apunto a M103. Este cúmulo abierto tiene una magnitud de de 7,4; está dominado por una estrella doble que se interpone entre el cúmulo y nosotros, y está a unos 8.500 a.l. y aunque debido a su baja densidad puede parecer una agrupación casual de estrellas ofrece algunas súper-sutiles y agradables de contemplar. Un Newton en principio no es el mejor telescopio para estos objetos pero si se consigue colimarlo para que ofrezca unas estrellas puntuales la experiencia es muy gratificante.

Su diámetro aparente es de unos 6 minutos de arco aunque no es completamente redondo.

Realmente casi todos los objetos del cielo tienen algo que ofrecer, incluso el pobre y raquítico M103.

No he venido pertrechado con filtros nebulares de modo que buena parte del atractivo de la constelación lo tendré que dejar para otra ocasión. He intentado ver en bruto NGC 281, una región HII pero no soy capaz ni siquiera de intuirla.

A eso de las dos y pico el objeto que sí consigo detectar sin filtro es NGC 6888, la Nebulosa Creciente. La oscuridad ha mejorado sensiblemente y ahora el aparatejo que mide estas cosas da una cifra de 21,2. No obstante hay zonas del cielo que las nubes no han abandonado y se ven muy mal, como el Águila.

Sin plan de observación pasé la siguiente hora paseando arriba y abajo por Cygnus y cuando encontraba algo buscaba su naturaleza y demás datos en cartas y atlas. Esta región del cielo es abrumadora en material interestelar. Me tendré que hacer con unos filtros para disfrutarla, pero eso creo que ya será para el año que viene.

Y termino la noche como la empecé, con el rey de los dioses del olimpo, el rey de los planetas del Sistema Solar y el rey de esta sesión de astronomía visual. Una hora a unos 375 aumentos disfrutando y preguntándome si no sería buena idea tener un telescopio exclusivamente para planetaria.

P.D.: Esta vez no he hablado de animales pero sí los había, ya lo creo, aunque artrópodos todos ellos. Jamás había visto tanto insecto junto, ni en este lugar ni en ningún otro, con los inconvenientes a la hora de observar de insectos que zumbaban molestamente al lado de mi oreja, palomillas, polillas o como quiera que se llamen todos esos bichos. Tuve que cerrar el coche a primera hora para que no se me llenara. Con los aperos ya en el coche y las luces puestas el paisaje era impresionante con millones y millones de bichos voladores en todas direcciones. Bajando de los 1.000 metros de altitud la cosa ya empezó a menguar y yo ya me iba a casa, me quedaba una hora de camino pero me iba volando.

Hasta la próxima.

Néstor.

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