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Astronomía, astrofilia… y alguna rareza que otra

REENCUENTRO Y DESPEDIDA

 

Mucho ha que no tenía oportunidad de hacer una observación decente. Desde verano todo han sido intentos fallidos y observaciones mediocres, así que cuando se dieron las circunstancias las aproveché y me “eché al monte” para resarcirme a gusto de la sequía observacional.

Acabo de hacerme con un equipo una talla más grande que el que hasta ahora venía usando. No es una exageración pero creo que me planto aquí, por lo menos hasta que sea mayor :o)  Como todavía no conozco mucho el telescopio nuevo fui a lo seguro y me llevé, seguramente por última vez, el “pequeño” Dobson de 300.

En cuanto al plan de observación, también fui a lo seguro y elegí uno que hice hace un par de años, con algunas variantes en cuanto a objetos y al orden de observación, ya de por sí aleatorio y caótico.

A estas alturas del año anochece tan pronto que casi siempre que llegas al punto de observación ya es noche cerrada. Yo llegué al punto habitual pasadas las nueve y, después del protocolo habitual (despliegue de trastos, colimación, ventilador trabajando a plena marcha y cena con cafecito en el interior del coche) puse el ojo en el ocular a eso de las diez y algo. Alguna nube delgada que se mantuvo estática toda la noche y que no estorbó en exceso, aunque sí restó algo de oscuridad al fondo del cielo. Por lo demás, nada que objetar:  El seeing decente, la temperatura de 5º, el viento leve y el espejo bien aclimatado.

El primer objeto que se me ocurrió fue la Galaxia de Andrómeda, por la altura en el cielo. Aparecen de forma contundente las dos galaxias compañeras, M32 y 110. Unos segundos después se me hacen evidentes las franjas oscuras que separan los brazos de M31. Es señal de que la noche no es nada mala en este lugar y el telescopio tiene capacidad sobrada para mostrar estos detalles de forma evidente. Explorando la galaxia por sectores de arriba a abajo y al revés se llega a ver sin problemas la condensación NGC 206, en el brazo sur-oeste. M31, una delicia de galaxia para un cielo relativamente oscuro, merecedora de una larga media hora de observación.

Las impresión con M33, en Triangulum, fue similar. Es una galaxia casi transparente a la que le afecta mucho la falta de buenos cielos y pocas veces muestra detalles. En estas condiciones y con 300mm de apertura, el objeto adquiere otra dimensión. Ya no es un borrón plano sin personalidad y, aunque la percepción de los brazos no es contundente, se aprecia claramente su orientación antihoraria. Recorriendo la galaxia de parte a parte no es difícil detectar varios “grumos” más luminosos que sus alrededores, el más evidente de todos, al lado de una estrella de la mag. 11 es NGC 604, la mayor región de formación estelar ¡de todo el Grupo Local!

La siguiente visita es para NGC 7662, la Bola de Nieve Azul, una vieja conocida. Me sorprendo a mi mismo encontrándola al primer intento, pongo el ojo en el ocular de 22mm. y allí está, ya se aprecia su naturaleza no estelar.

Como casi todas las planetarias, esta también requiere ser generoso con los aumentos, así que unos 190X ofrecen la mejor vista de la nebulosa. Se aprecia el hueco central de forma tímida pero clara. La estrella central también está presente, así como esos dos óvalos entrecruzados que yo veo siempre y que no existen en realidad. (!) Sobre su famoso color azulado, yo todavía no lo he visto ni con este telescopio ni con ningún otro.

Hace unos tres años hice un dibujo de esta nebulosa vista con el Newton 250 y la he encontrado por el disco duro. Os lo dejo aquí porque esta noche se veía de forma similar:

Por Cassiopea, gran desconocida para mí se encuentran unos cúmulos abiertos bastante originales. El Cúmulo E.T., NGC 457 con sus ojos saltones y los brazos en alto, M52 y NGC 7789. No sé qué pudo ser pero esta vez no fui capaz de apreciar claramente la nebulosa Pacman. Cerca de ahí sin embargo está M103, un cumulito discreto que resalta sobre una zona pobladísima de estrellas en pleno recorrido de la Via Lactea. En los inmediatos alrededores se sitúan NGC 659, 663 y 654, mas discretos eso sí pero sobre un fondo igual de poblado. Pasearse por esta zona es una pasada.

Dirigiendo el telescopio hacia el Doble de Perseo hay otro cúmulo al que llaman Muscleman al que he visitado en un par de ocasiones, ambas preguntándome qué habrían tomado previamente sus bautizadores para plantificarle semejante nombre. (?)

Este año, desde el verano, he observado Júpiter varias veces como nunca lo había hecho antes, con una cantidad de detalles que me siento incapaz de describir. Esta noche no fue una excepción y aunque el seeing me indicó que los aumentos debían tener un límite, pude aplicarle 375 sin ver limitaciones en la imagen. La visión con el binocular era buena pero faltaban aumentos por un tubo. El resto de la observación fue “ciclópea”  Qué más contar, una hora larga observando cómo cambiaba el planeta por momentos y observando en todo momento volumen en los satélites. Grandioso Júpiter.

No sé lo que ocurre este año, si será la oposición, si será suerte con el seeing, si será una colimación óptima de la óptica… el caso es que si hubiese media docena de planetas tan vistosos como éste, yo me pasaba a la planetaria sin pensarlo dos veces.

Punto y aparte. Tentempié.

Cambiando de sector del cielo me dirigí a Orión. Allí yace NGC 1999 siguiendo la trayectoria descendente del tahalí del cazador, a aprox. 1º de M42. Es un objeto que aparenta ser una planetaria cuando no lo es. Me gustó la contundencia de la imagen, pese al poco tamaño. Esta pseudo planetaria se ve “partida” por una especie de cuña que se clava hasta el mismísimo centro. Aquí recupero otra imagen que tomé hace tiempo:

M42. Qué decir de esta brutal nebulosa… 6 estrellas en el trapecio, una vista general que mostraba el bucle casi cerrándose por completo, un contraste excelente… Una imagen que no se encuentra en otro lugar del cielo. No es que las palabras sean insuficientes para describirlo, es que la cantidad de detalles es tan abrumadora que no me veo capaz de dibujarla siquiera. Un buen sitio en el que perderse navegando un largo rato.

Cuando me dije que ya era suficiente, que ya estaba bien de explotar M42 dirigí el telescopio hacia M78. No es por comparar, pero es que no le veo absolutamente ninguna gracia a esta nebulosa, ni con este telescopio ni con otros más pequeños.

Al lado de Alnitak se encuentra la nebulosa de la Hoja, o de la Llama… o como se llame. Bonita pero cegada como siempre por la brillante estrella Alnitak. Evitando a Alnitak encontramos NGC 2023, esa bola algodonosa que hay en la zona donde se encuentra la Cabeza de Caballo.

¿Por qué no intentarlo? hace mucho que no lo intento y, aunque la oscuridad no es perfecta, tampoco lo era la última vez que lo conseguí con este telescopio. El mismo protocolo que la anterior ocasión. B33 es un recorte oscuro sobre la nebulosa IC 434. Si no se ve tal nebulosa es absurdo encontrar un recorte oscuro en la misma.

A 100X y “a pelo” no se la detecta. Bajo a unos 70X y el fondo ya no es tan uniforme sino que hay variaciones de brillo, aunque el caballo no aparece. Todo según el guión. A falta del filtro apropiado para esta nebulosa en concreto (Hbeta) le pongo el OIII. Aumenta el contraste de forma considerable. Ahora cuento con la ventaja de que ya he visto la nebulosa con anterioridad y sé dónde mirar exactamente y con qué orientación. Con la suficiente paciencia, utilizando las técnicas del buen observador y manteniendo a raya a Alnitak fuera del campo, cuando menos te los esperas aparece. Allí está, un poco excéntrica entre dos estrellas de la 7. Es una hendidura sobre la línea de IC 434. Por supuesto nada de verle la quijada ni la figura de pieza de ajedrez, es una cosa bastante débil que se deja ver menos de un 50% del tiempo. Es la segunda vez que la veo con este telescopio, en este lugar, y con un filtro que en teoría no es apropiado para esta nebulosa. Es un tipo de objeto con el que puedes estar ya satisfecho simplemente por haberlo atisbado.

Ya pasadas las 2 escoré el telescopio hacia Gemini y la nebulosa NGC 2392, Esquimal. Hueco y estrella central, zonas de luminosidad irregular, y capucha relativamente extensa. Utilicé el cabezal binocular que pese a no ser una óptica de primera división, hoy no le restaba esplendor a esta planetaria. Dos ojos mirando un mismo objeto hacen mucho, y en esta nebulosa es razón suficiente para estar hipnotizado un buen rato sentado en la silla y con los ojos pegados a los oculares.

Como estaba “mandao” por el guión pegué un bandazo hacia “el cúmulo 37” o NGC 2169. Curioso asterismo donde los haya.

Ya puesto a observar abiertos M35, 36, 37 y 38 eran imprescindibles, fáciles pero bonitos por su contundencia.

En Osa Mayor, que ganaba altura, fui a lo fácil: a buscar las parejas de objetos M97-M108 y M81-M82. En la primera, centrándome en el Búho, se le detectaban las dos hoquedades bastante pronto, uno más evidente que el otro, como son realmente. La galaxia 108, de canto, está salpicada por zonas puntualmente brillantes y claroscuros internos que esta noche eran particularmente nítidos. La visión de los dos objetos en el mismo campo del ocular siempre es agradecida, por la diferente naturaleza de los mismos. Aunque ya lo he puesto en numerosas ocasiones, vuelvo a dejar aquí otra “toma” de esta pareja.

La otra pareja a atacar es 81-82. Decidí empezar por la menos agradecida, M81 a la que creo recordar por primera vez haberle detectado su sutiles brazos. M82 con el aumento apropiado era bestial, con esas dos cuñas que la parten en dos e innumerables zonas internas. NGC2976 y 3077 merodean por los alrededores, sin detalles internos, pero enriqueciendo los alrededores de las dos principales.

Pueden parecer objetos fáciles para un diámetro así pero es que cuando aumentas la capacidad recolectora de luz los objetos adquieren un nuevo carácter, y ofrecen detalles hasta entonces desconocidos. No todo va a ser explorar los límites.

A estas alturas de la noche me dediqué más a ver cantidad de objetos que a verlos en detalle, y una docena de galaxias de La Osa pasaron por el ocular.

No vi esa noche ningún objeto nuevo. Todos, o casi, son archiconocidos, pero son un valor seguro al que volver después de un tiempo sin observar en condiciones decentes.

Todavía quedaba algo de noche útil pero el cansancio aconsejó una retirada a tiempo, pese a haber observado toda la noche sentado en la silla (es uno de los elementos más importantes den una observación).

Recogí los trastos contento por la calidad y comodidad de la observación y deseando que se repitan estas condiciones con más frecuencia que últimamente; y también con unas sensación de satisfacción/insatisfacción por disponer de un telescopio que me ha ofrecido las mejores imágenes astronómicas que recuerdo pero que por unas causas u otras no he podido explotar en los dos años que lo he tenido.

Esta ha sido una merecida despedida (?), y la quería compartir.

Un saludo.
Néstor.

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