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Astronomía, astrofilia… y alguna rareza que otra

OBSERVACIONES «POCO» PROFUNDAS

Tras dos meses aciagos sin salir a observar, este mes de enero tuve la oportunidad de salir dos veces y no las desaproveché. El cielo ha cambiado completamente desde entonces y los objetos a buscar así como las constelaciones son en gran parte distintos.

Hace poco terminé una lista de objetos que me ha llevado bastante tiempo en ser completada, por una parte porque no me dedicaba a seguirla en todas mis salidas de observación, y por otra porque no observo con la frecuencia que quisiera. He descubierto también que no me gusta observar de forma sistemática objetos pertenecientes a una lista extensa. Se convierte casi más en un deber que en un deleite, y eso está bastante alejado de lo que pretendo con esta afición.

Hacía casi una estación entera que no observaba y, de forma intencionada, no me preparé una lista de observación. Llevaba las cartas y atlas habituales y me dediqué a reencontrarme con una mayoría de objetos fáciles de localizar. También hay que decir que esto fue debido en gran parte porque el cielo no tuvo la calidad suficiente para intentar exprimirlo. Y eso a pesar de que estuvo despejado ambas noches. Pero el exceso de buen tiempo y estabilidad atmosférica durante demasiados días seguidos hacen que se acumulen partículas en suspensión que le quitan transparencia al aire y también le dan un brillo que termina «apagando » buena parte de los objetos más modestos.

Básicamente observé con mi Dobson de 406 con algún objeto observado por el Dobson de 508.

Así, a saber, empecé por M42 para comprobar que efectivamente ni el contraste ni el seeing iban a dejar hacer observaciones de calidad. De ahí pasé a M76, la nebulosa planetaria bipolar en Perseus; a reencontrarme con las galaxias M81 y M82 en Ursa Major y al otro extremo del carro pero ya en Canes Venatici con la galaxia del remolino, M51.

Un objeto invernal que me encanta es la nebulosa planetaria NGC 2438. Tiene magnitud 10,8 y está aparentemente inmersa dentro del cúmulo abierto M46, en Puppis. Esa combinación de 2 objetos en uno me parece fascinante, aunque sepa que es sólo debido a la perspectiva y que la nebulosa no está realmente inscrita en el cúmulo.

Una estrella del cúmulo «pretende» hacerse pasar por la estrella central de la nebulosa, pero al meter aumentos queda patente que no se encuentra en el centro geométrico del vacío central de la nebulosa, sino un poco excéntrico. La verdadera estrella central brilla en la magnitud 17,5 y yo no he sido todavía capaz de intuirla.

M1, el remanente de supernova en Taurus que abre el catálogo Messier. Siempre tengo la mala costumbre de escoger la estrella de referencia que no es, y tardo en encontrarla.

M97 y M108. Otra combinación de dos objetos de distinta naturaleza en un solo vistazo, nebulosa planetaria y galaxia. En Ursa Major.

M33. La galaxia más importante de Triangulum no se deja avasallar fácilmente cuando la oscuridad del cielo no es decente. No obstante se le pueden localizar e individualizar varios «grumos» presentes en sus brazos.

De nuevo M42, M43, la vecina NGC1999 en Orion. Un rato jugando con los mini-asterismos, colores y sutilezas de las estrellas del Doble Cúmulo en Perseus y un vistazo a NGC2392, la Nebulosa del Esquimal en Gemini.

La galaxia en Ursa Major M109 no quiso mostrarme su barra central como otras veces.

M31 con sus dos separaciones visibles de forma clara, M32 y 110 más alguna «aglomeración» en el interior de M31; M33, que pese a no poder disfrutar de un buen contraste mostraba claramente algunos «grumos» y zonas de formación estelar a lo largo de sus brazos; NGC 7662, Bola de nieve azul, más que nada por recordar la ruta a seguir para salir a su encuentro, ya que al no poder abusar de aumentos es un pequeño «guijarro» en el cielo.

Júpiter, a muy buena altura, sin ofrecer facilidades ni una imagen estable durante muchos segundos seguidos, fue el objeto más agradecido de la noche, pero la novedad iba a ser un cometa.

Resulta que este año hay depositadas esperanzas en un par de cometas que rondan por ahí de que puedan tener un incremento de brillo que los haga espectaculares, pudiéndose observar incluso por el día. Yo soy escéptico, ya que este tipo de objetos suelen ser bastante impredecibles en cuanto a brillo cuando se acercan al interior del Sistema Solar. De todos modos, en cuanto esté a tiro de telescopio y tenga oportunidad de salir a observar, no les haré ascos.

Mientras eso sucede, o no, tenemos un cometa discreto que está descendiendo de brillo pero todavía está en magnitud 11, por lo que voy en su busca. Se llama C/2012 K5 y se encuentra pasando esta noche entre la estrella Aldebaran y la estrella más brillante de las Pi de Orion. Debido a la magnitud no consigo atisbarla por el buscador, por lo que tengo que recurrir a mi amigo Alejandro, quien amablemente me muestra su localización en la pantalla de su PC.

Esto me recuerda que hace casi un año que no observaba ningún cometa decente con su cola de polvo como es debido. El último que observé fue Garrad, y lo dibujé en su día:

Para resumir, dos observaciones que saben a poco por la poca calidad del cielo y tal vez por la ausencia de más objetos nuevos o exóticos, pero que saben a gloria después de la sequía observacional de noviembre y diciembre y que tuvo a la mayoría de los astrófilos de España sin «catar» telescopio la recta final del año.

A ver si los primeros compases de 2013 son algo mejores. Es cuestión de intentarlo cuando se ve la oportunidad.

Nos vemos ahí fuera.

Néstor.

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