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Astronomía, astrofilia… y alguna rareza que otra

NGC 7293. Nebulosa Hélice.

 

La constelación de Aquarius es poco transitada por los aficionados a escrutar el cielo. No es profusa en estrellas brillantes y los objetos al alcance de un telescopio modesto no son muy numerosos. Pero desechar los objetos que sí hay es un error, y una prueba de ello es el siguiente objeto.

NGC 7293, con el sobrenombre de Nebulosa de la Hélice o más pretenciosamente el Ojo de Dios, es la nebulosa planetaria más cercana a nuestro sistema solar, 715 años-luz. Descubierta por Karl Ludwig Harding en 1824, se encuentra en la parte sur de la constelación de Aquarius.

NGC7293_Finder_Chart

La parte interna de la nebulosa se expande a una velocidad de 100.000 Km/h y ha tardado 10.600 años en alcanzar el tamaño actual. La apariencia en las imágenes del rango óptico es similar a la de muchas nebulosas planetarias tipo anillo, como la de Lyra. No obstante, y pese a que es estudiada desde hace tiempo, su estructura es muy compleja y todavía sin definir bien. Se apunta a que esta nebulosa está formada por un par de discos dispuestos perpendicularmente. Mediante rayos X se ha probado que existe una estrella acompañante, de modo que uno de los anillos de la nebulosa puede ser perpendicular al eje de rotación de la estrella que expulsó el material, mientras el otro disco puede estar rotando en el plano orbital del original sistema doble. También se calcula una diferencia de «edad» de 6.000 años entre un disco y otro. Además, el disco interior tiene una velocidad de expansión superior al exterior.

Desde nuestra perspectiva los gases expulsados durante las distintas fases del final de la estrella recordaban una hélice vista desde arriba, de ahí el nombre.

La utilización de telescopios espaciales en el rango «no óptico» ha permitido escrutar las intimidades de su estructura y se han podido ver en los alrededores del anillo central miles de manchas conocidas como «nudos de cometa» porque son como grumos con unas colas que se extienden de forma radial a partir del centro de la nebulosa. Esos «grumos», más de 20.000, son tan grandes como nuestro sistema solar. Los fuertes y calientes vientos de la estrella central pueden haber «pulido» estos grumos de material más frío expulsado a menor velocidad en una anterior expulsión. Se especula con la posibilidad de que lejos de disolverse con el tiempo por el desgaste de los vientos estelares, estos objetos puedan finalmente colapsar formando cuerpos similares a Plutón. Si este fuese el destino de estas formas, descubiertas después en otras nebulosas planetarias, esos pequeños mundos helados creados al final de la vida de una estrella serían muy numerosos en nuestra galaxia.

NASA, NOAO, ESA, the Hubble Helix Nebula Team, M. Meixner (STScI), and T.A. Rector (NRAO)

La Nebulosa de la Hélice es también una de las más grandes planetarias conocidas. La región central, más evidente y brillante en las fotografías, alcanza los 3 años-luz de diámetro pero, más exteriormente, hay un halo más débil que alcanza los 6 años-luz de diámetro. La parte central y más evidente mide unos 16 minutos de arco de diámetro. Teniendo en cuenta el halo externo, su diámetro aparente es semejante al de la Luna llena.

La estrella residual es una enana blanca caliente con una temperatura de 110.000 grados Kelvin, una luminosidad de 200 veces nuestro Sol, (la mayoría de ese brillo en el rango ultravioleta), y una magnitud de 13,4. La nebulosa en sí reparte su brillo por un área muy extensa, lo que unido a la porción de cielo que abarca hace que no sea fácil de atisbar. Sin ir más lejos, los Herschel nunca catalogaron ni observaron esta nebulosa.

Cómo abordar la observación.

Los inmediatos alrededores de la nebulosa están vacíos de buenas estrellas de referencia, no obstante, no es difícil memorizar algún «caminito» mediante salto de estrellas. Y es que NGC7293 se encuentra a mitad de camino de Formalhaut (α Piscis Austrinus), de magnitud 1’2, y Iota Aquarii (ιAqr), de mag. 4’3. Más fácil aún, podemos localizar la estrella de magnitud 5’2 Upsilon (υ) Aquarii, visible a simple vista bajo cielos oscuros, y sólo tendremos que desplazarnos un grado al Oeste.

Debido a lo repartido que está el brillo entre la gran superficie de la nebulosa, su 7ª magnitud se queda en 20’8 magnitudes por segundo de arco cuadrado.

Es un reto para instrumentos de diámetro modesto, si bien es posible detectarlo con prismáticos si la noche y el lugar de observación ofrecen un adecuado contraste entre el objeto y el fondo del cielo. Lo que podemos esperar es una débil mancha redonda. Aparte de unas buenas condiciones de observación, la clave está en elegir una combinación de ocular-telescopio que nos proporcione entre medio y un grado de campo real.

Con telescopios de apertura modesta podemos ver asimetrías en la distribución del brillo al mismo tiempo que aparecen estrellas débiles en los inmediatos alrededores de la planetaria. No nos costará tampoco darnos cuenta que el brillo se concentra más en el borde del anillo que cerca del centro.

Aunque el objeto puede ser observado sin ayuda de filtros nebulares, el uso de éstos aumentará el contraste y la cantidad de detalles, sea cual sea el diámetro del instrumento utilizado.

Con un refractor de unos 120-150mm se puede distinguir su forma oval y el mayor brillo en la parte norte del borde.

Con reflector de 200 – 250mm se puede «segmentar» el círculo exterior en partes. Aparecen dos estrellas en el borde N-O y otra en el borde Oeste. Otras estrellas pueden estar yendo y viniendo por momentos. La estrella central, de magnitud 13,3 puede ser vista durante casi la mitad del tiempo.

Con mayores diámetros se hace totalmente visible la estrella central, el centro se oscurece sensiblemente, las irregularidades en el anillo resultan cada vez más evidentes al tiempo que aparecen cerca de una docena de estrellas detrás de la nebulosa.

El reto en la Nebulosa de la Hélice depende del diámetro y tipo de telescopio a usar.

Por una parte es un reto detectarlo con prismáticos y telescopios pequeños. Si bien es cierto que los prismáticos suelen considerarse instrumentos bastante pequeños, no hay que olvidar que es un instrumento doble y que los dos ojos están trabajando al mismo tiempo, por lo que en muchas ocasiones, las sensaciones serán superiores a un telescopio mayor pero que obliga a la observación «ciclópea».

Otro reto puede estar en detectar la apariencia anular de la nebulosa y, finalmente, llegar a detectar la enana blanca residual, de magnitud 13, origen del espectáculo.

De modo que la próxima noche clara y sin luna, a una hora en que Acuario se encuentre en buena posición, no tendremos excusa para no apuntar a la nebulosa planetaria más cercana a nosotros.

¡Nos vemos ahí fuera!

Néstor.

PD.: Artículo adaptado del aparecido en la revista RIGEL nº232 de la Asociación Valenciana de Astronomía.

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